DESHABITUARSE AL DULCE (II)

En nuestra entrada anterior “Deshabituarse al dulce (I)”  hablamos del reto que tenemos la población en general de reducir el alto consumo de alimentos ultraprocesados y azucarados presentes en nuestra dieta, lo cual está causando serios problemas de salud pública, enfermedades que nos impedirían disfrutar de la calidad y años de vida que nos gustaría vivir.

Se ha visto que el azúcar que añadimos a los alimentos en casa no es el problema (la cucharadita de azúcar con la que acompañamos el café o aquella que espolvoreamos sobre las fresas), porque no suele ser mucho. Lo que podría llegar a perjudicarnos es la gran cantidad de alimentos que compramos y consumimos, y que incluyen azúcar como uno de los ingredientes principales. En muchos casos este azúcar viaja “oculto” como parte de alimentos “salados”. En otros casos, somos conscientes de que llevan azúcar, pero los tenemos como saludables. Un ejemplo serían los cereales tipo muesli, cuya cantidad de azúcar en muchos casos es excesiva; otro ejemplo podrían ser los zumos, que a pesar de que se extraen de la fruta fresca, concentran una cantidad elevada de azúcar libre, pasando a no ser buenos sustitutos de la fruta.

Deshabituarse al dulce y, por tanto, al dulzor al que estamos acostumbrados pasaría por seguir alguna de estas propuestas:

  • Atrevernos a investigar y tratar de descubrir otros sabores que tradicionalmente hemos camuflado con el azúcar: el sabor del yogur natural, del cacao puro, del café… La primera exposición no suele ser muy agradable y puede que no nos convenza. Quizás podríamos probar a endulzarlos con otros alimentos muy saludables, y éste podría ser un paso intermedio o definitivo. Por ejemplo, si combinas el yogur natural con fruta, dátiles o higos secos podrás disfrutar del dulzor esperado pero a la vez identificar el sabor auténtico del yogur e ir habituándote a él.
  • Alternar o combinar aquellos productos azucarados que estamos acostumbrados a incluir en nuestros desayunos o meriendas con alimentos de otros grupos (ver post “¿Verduras en el desayuno? Sí, va en serio!”). Poco a poco podrán ir ganando terreno cuando esa fuerte asociación (desayuno/merienda = dulce) afloje.
  • Identificar los productos que incluyen azúcar oculto con distintos nombres (azícar, sacarosa, sucralosa, jugo de caña, miel , dextrosa, fructosa, concentrados de jugo de frutas, glucosa, maltosa, melaza, etc.) como  e. tomate frito, salsas… incluso aquellos que se venden con el reclamo “receta casera”, y lanzarnos a prepararlos en casa.

Os animamos a probar. Que os guste… y bon appetit!

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