PREVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN ALIMENTARIA EN LA FAMILIA

En este nuevos Post os hablamos sobre la prevención de los Trastornos Alimentarios a través de la educación alimentaria.

Los trastornos alimentarios (TA) son trastornos psicológicos con complicaciones físicas y mentales, que ponen en riesgo la salud y la calidad de vida, independientemente del peso de la persona.

La manifestación de los mismos se produce a través de la comida, la cual se restringe, se compensa o se consume con descontrol.

Entre los factores  de riesgo de sufrir un TA, la forma en que se haya vivido la alimentación desde la primera infancia en la familia puede influir considerablemente.

¿Cómo podemos educar desde casa en unos hábitos alimentarios saludables y contribuir a que nuestr@s hij@s estén menos expuestos a desarrollar un TA?

Os ofrecemos a continuación algunos puntos clave.

  • No obligar a comer.

A la mayoría de los adultos nos han obligado de niños a comer, en algún momento, algo que detestábamos o por encima de nuestra sensación de hambre.

Es complicado, para los padres de niños con una variedad alimentaria muy limitada, evitar la tentación de insistirles y hasta obligarles pensando en que, al menos, “es importante que lo prueben”.

Es cierto, es importante que los niños prueben las cosas porque el paladar se llega a acostumbrar a los sabores. Pero forzar a ello puede, por el contrario, generar aversiones alimentarias y malas experiencias con la comida. Encontrar las formas menos agresivas e invasivas será la mejor manera de conseguir que coman sin presión y así algún día se decidan a probar, aunque ese momento tarde en llegar.

También es complicado que un padre o una madre que considera que su hij@ come muy poquito (generalmente por comparación con el hermano o el vecino) consiga respetar la sensación de hambre de su hij@. Como ya decíamos en una entrada anterior (Recomendaciones en alimentación infantil) el niño al que se le obliga a comer deja de guiarse por sus sensaciones reales de hambre/saciedad y come para conseguir la aprobación de sus papás.

  •  No prohibir comer

No es tan fácil comer bien en un entorno en el que la mayoría de los alimentos que encontramos en los establecimientos carecen de calidad nutricional. Los niños y jóvenes están especialmente expuestos a la presión por el consumo de los mismos (publicidad, amigos…).

Muchos padres no  disponen de los recursos comunicativos y educativos para evitar que sus hijos se alimenten mal y acaban recurriendo a la prohibición sin saber que con ello se les puede estar generando un deseo mayor por su consumo. Esto puede desencadenar conductas alimentarias de riesgo como comer a escondidas, comer con ansiedad, o comer con culpabilidad.

Si la comida que tenemos en casa es saludable, no tendremos por qué preocuparnos si de vez en cuando coman algo “insano”.

Os invitamos a hacer algo: abrid vuestra nevera y observad ¿Qué encontráis? ¿Quizás muchos alimentos empaquetados y con llamativas letras y dibujos? Si es así, quizás es hora de hacer algunos cambios. Cambios progresivos. Los cambios radicales pueden no ser bien entendidos por los menores.

Haced lo mismo con vuestra despensa.

Si lo que percibimos es que nuestro hijo@ come más cantidad de lo que consideramos normal y por ello le prohibimos comer más allá, podemos correr el riesgo de trasmitirle una preocupación excesiva por un posible aumento de peso. De igual manera que cuando comen poco, debemos tratar de no alarmarnos si comen mucho, cuando lo que comen es saludable.

  • Comer en familia

Compartir la mesa con nuestros hijos nos dará la oportunidad de observar su forma de comer e identificar a tiempo cualquier conducta que pueda requerir un trato aparte. Además, les estaremos ofreciendo  esa referencia sana que les va a quedar de por vida.

La “Guía para una alimentación infantil saludable y equilibrada”, del Hospital Sant Joan de Déu  recoge frases de la OMS que explican que “aquellos niños que comen en familia en un ambiente cómodo y relajado, tienen mejor comunicación con sus padres, lo que se refleja notablemente en una mejora de las relaciones parentales, mayor autoestima y menos probabilidad de desarrollar conducta conflictivas durante la adolescencia”. También cita a la revista Pediatrics, que menciona el hecho de que comer más de 3 veces a la semana en familia aumenta las posibilidades de que los niños y adolescentes  mantengan un peso normal y adopten patrones de alimentos más saludables.

  • Fomentar o facilitar el hábito de la actividad física

La actividad física genera bienestar y salud. Predispone a un peso sano y favorece la autoimagen positiva. Encontrar aquella actividad o deporte que más satisfaga a nuestros hijos ayudará a su desarrollo físico, psicológico y social. Y si además la practicamos con ellos, tanto mejor.

Estos 4 puntos resumirían las recomendaciones iniciales en materia de prevención de TA desde la educación alimentaria en la familia.

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