Venciendo el Trastorno alimentario, ¡fuera complejos!

Hoy os traemos de nuevo un testimonio de una paciente que ha logrado vencer su Trastorno Alimentario, ¡que orgullosos estamos!

Antes de tocar el tema he querido reflexionar y me he dado cuenta de que he crecido con la idea de que “Una imagen vale más que mil palabras”.

Ante las imágenes, mi testimonio real sobre Trastornos Alimentarios

Ya no quiero pensar así, porque para empezar, lo que vemos está muy influenciado por lo que pensamos y porque en una sociedad en la que el ‘fake’, el retoque y el ‘photoshop” están a la orden del día, no podemos creer todo aquello que vemos.
Desde pequeñita, la industria de la belleza me ha bombardeado con imágenes de mujeres delgadas, guapísimas, altas y con un cuerpo de escándalo. Bien, al principio no era un problema porque quiero creer que mi imaginación y mi creatividad estaban por encima de todas esas ideas erróneas sobre la perfección.

Durante mi infancia lo que más me importaba era cómo poder convertirme en una sirena o cómo aprender a volar, así que no tenía ni tiempo ni espacio para pensar en esos mensajes publicitarios, que de alguna forma, ya estaban teniendo un impacto negativo en mi ser.

El problema llegó cuando cambié las ganas de tener alas o una cola de sirena por tener una cintura más delgada o una tripa más plana. Fue en ese momento cuando mi chispa interior
empezó a apagarse poquito a poquito. Le abrí las puertas a la adolescencia y sin darme cuenta entraron también la inseguridad y la vulnerabilidad.

La insatisfacción con mi cuerpo llegó a mi en forma de restricción y obsesión por el deporte, con el objetivo de alcanzar ese cuerpo ideal que había visto en los anuncios.
La comparación, madre mía que horror, que miedo y que ganas de pasar página, porque siempre que la he utilizado he perdido, me he olvidado de quién soy y me ha hecho daño.
Nunca he ganado en ese juego y se que nunca ganaré porque no soy quién marca las reglas, es la obsesión. No tiene ningún sentido compararme con alguien que vive de su imagen, porque no puedo ver cuánto hay de verdad en su piel o en su aspecto. Además, lo que mi mente crea, probablemente es fantasía, porque no me deja ver más allá de aquello que yo considero especial
y me hace olvidar que esa personas con las que me estoy comparando probablemente también tenga su propia lucha interna.

Los TCA y el impacto negativo de la publicidad

Los trastornos de alimentación no son únicamente el resultado de ver anuncios diarios de chicas hiperdelgadas, retocadas y maquilladas, pero no se puede ignorar que tienen un impacto muy negativo sobre la percepción de la imagen corporal que las personas tenemos de nosotras mismas. La publicidad no está sensibilizada con la problemática de los TCA y fomenta la insatisfacción de las y los adolescentes con su cuerpo.

Por eso ahora nado a contracorriente. Porque me niego a dejar que cuatro personas con traje y mucho dinero tengan el poder de decidir qué cuerpo tengo que tener para quererme. Mi cuerpo no podrá ser nunca el mismo que el de otra persona, porque es mío y eso es lo que lo hace único y exclusivo. El cuerpo está para ir a la playa y sentir la arena, para cantar en la ducha, para bailar como locos, para besar y para sentir todas y cada una de las emociones.

Cuando le niegas a tu cuerpo el amor propio, la lucha interna toma el control y empieza a ser la guionista de una película sin música, sin focos y sin emoción. Entran en escena la soledad, la vergüenza y el aislamiento, y cuando empiezas a dudar de tus propias decisiones, el control deja de ser tuyo y pasa a ser de ellos. No podemos dejarles ganar, me niego.

¿Has visto alguna vez un cuerpo de revista en la vida real? No, ¿Verdad? Porque cuando yo voy a la playa lo que veo son cuerpos humanos, con curvas, con estrías, con pecas, sin pecas, con marcas de nacimiento, con heridas, con tatuajes… lo que veo son cuerpos reales, naturales y únicos. Quizás esos otros cuerpos que salen en las revistas son de Matrix y resulta que nos
hemos equivocado de mundo, o yo que sé.

«Odio mi cuerpo», la inseguridad en un trastorno alimentario

¿En qué estamos fallando? ¿Cómo es posible que hayan tantas personas que odian su cuerpo?, ¿En qué momento perdemos esa seguridad y confianza que tenemos cuando somos pequeños? Un comentario en la escuela o un consejo de alguien que desconoce el amor propio no pueden tener ese poder sobre nosotros.

Me da mucha pena pensar en cómo la industria del marketing es capaz de moldear nuestros pensamientos haciéndonos creer en un modelo ideal de belleza que no existe, que es
“perfecto” y que resulta inalcanzable. Me duele ver como cada vez las niñas empiezan a preocuparse antes por su aspecto físico, por el número de “likes” que reciben, por las kilocalorías que comen y por la aprobación social. Esta claro que no puedo hacer nada para cambiar la mentalidad de todo el mundo pero si que puedo intentar cambiar la mía, para ayudar a
cambiar la del resto. Porque sufrir un trastorno alimentario en primera persona me ha hecho sufrir durante muchísimos años y he llegado a odiar mi cuerpo. Es por ello la importancia que le doy a escribir estas palabras, a escribir un testimonio real sobre Trastorno Alimentario.

Y aunque a día de hoy, sigo teniendo miedo a expresar lo que siento y he sentido sobre mi cuerpo, por miedo a sentirme juzgada o estigmatizada, se que algo dentro de mi ha cambiado. Me encantaría poder gritarle al mundo que no pueden jugar con nuestra vulnerabilidad, que unos números 90-60-90 no pueden definir cuánto vale una persona, y que me cago en los cánones de belleza establecidos, porque no entienden de personas, sentimientos ni verdades.

Cada persona es diferente, única y tiene luz propia

Entonces, ¿Por qué le damos tanta importancia a la imagen social? Las redes sociales nos permiten crear un “yo” virtual que no existe y que a veces, se aleja mucho de la realidad  interior. En cierto modo creamos eso que no tenemos con objetivo de alcanzar aquello que nos estamos negando en la vida real, que es disfrutar y vivir el presente.
Si se utilizan con conocimiento no son un mal recurso, el problema es que están al alcance de cualquiera y que muchas veces nos engañamos a nosotros mismos.
Hemos creado una sociedad que vive de la imagen. Y es necesario destruir esta idea para poder empezar a construir un mundo alejado de la operación bikini, de las dietas milagro, de los retoques estéticos y de la infelicidad constante.

Cuando estamos tristes y nos invaden ideas negativas, las redes sociales nos apagan todavía más, nos alejan de nuestros amigos y consiguen alejarnos de nuestra esencia. No permitas que aquello que ves en las redes sociales te deprima porque no sabes qué se esconde detrás de cada publicación.

Los Trastornos Alimentarios y las Redes Sociales

El problema es que cometemos el error de creernos todo aquello que vemos en las redes sociales, a través de nuestra pequeña pantalla. Se nos olvida levantar la cabeza y mirar hacia delante, donde están los momentos bonitos de verdad, esos instantes que no se pueden capturar porque se van rápido. Como la sensación de volver a casa después de mucho tiempo, cantar a grito pelado con tu amiga, viajar a ese país, escuchar a tu abuela reír o ver las estrellas. Esos momentos (los pluma), se van sin avisar pero ayudan a llenar esa sensación de vacío que tanto daño hace a las personas.

No tengo ni idea de si algún día conseguiremos derribar la idealización que existe hacia ‘el cuerpo perfecto’ pero lo que si tengo cada vez más claro es que mi cuerpo me va a acompañar siempre y odiarlo solo me va a producir más dolor.
Si algo he aprendido es que los trastornos alimentarios no tienen nada que ver con el cuerpo (aunque si que pueden producir cambios sobre él). Ni la salud, ni la belleza, ni los trastornos de alimentación tienen un aspecto, una forma o una imagen física concreta, porque esto no va de moldes. Es algo que empieza mucho antes de que los efectos puedan ser visibles y a veces
nunca llegan a serlo, lo cual asusta porque sufrir en silencio duele, y mucho.

Vencer el Trastorno Alimentario

Es hora de empezar a apagar el ruido que ese comentario desafortunado, esa foto que viste y que te hizo dudar sobre tu cuerpo o esa persona que no supo cuidarte bien han causado en ti,
para empezar a escucharte a ti misma y volver a volar.
Me gustaría poder decirles a esas personas que llevan una máscara para ocultar su dolor que no están solas, que tienen derecho a estar tristes pero que se puede salir de esa habitación que han
convertido en su refugio y que han forjado de muros. Yo ya estoy derribando los míos porque el sufrimiento no puede ganar la guerra, la revolución está dentro de nosotros.

Os animo a tod@s a pedir ayuda a vuestros familiares y a los profesionales que están a vuestra disposición, derribad los muros juntos, ¡no estáis sol@s! yo soy el testimonio sincero de haber vencido un trastorno alimentario.

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