Testimonio de un ingreso en el hospital de día con un TCA

Hoy os traemos el valiente testimonio de una de nuestras pacientes que ha pasado por el hospital de día para tratar su trastorno alimentario.

«Se suele decir que hay días buenos y malos. Hoy es uno de esos segundos para mí, y estoy a punto de hacer una de las cosas que más temo: comer.

El miedo y afrontar un Trastorno Alimentario

Me tiemblan las manos, las piernas también, y más de dos lágrimas ya se han derramado mientras escribo esto.

Me siento angustiada, aterrada y ansiosa; pero también segura, protegida y acogida. Estoy en un espacio seguro y sé que aquí nada malo puede ocurrir.

Mi historia en CTA se remonta a hace poco más de un año, cuando, según yo, lo tenía todo bajo control y creía no necesitar ayuda. Spoiler de la historia: no era así.

Durante semanas, meses, me negaba a ver el problema y cada vez la resistencia al tratamiento era mayor. Los días avanzaban y mi confianza brillaba por su ausencia, pero, por suerte, encontré dos personitas que se convirtieron en mis ángeles de la guarda.

Ellas decidieron creer que era más que largos y tensos silencios y muchos, muchos “no sé”, y confiar en que una historia se escondía detrás, sólo había que encontrarla, y no pensaban rendirse cuando yo ni lo había intentado.

La necesidad de ayuda profesional ante un TCA

Durante meses, me acompañaron, me aconsejaron y me encaminaron y, aunque me cabrease, me descarrilase y quisiese hacer las cosas a mi modo, ahora veo que todo el camino, cada paso, cada tropiezo, ha tenido su papel en el proceso de mi tratamiento y hoy soy capaz de ver que, aun cuando no me gustase en su momento, cada decisión tomada ha sido para protegerme.

Este fue el caso de mi ingreso en Hospital de Día a principios de febrero de este año. De repente, todo paralizado, sin previo aviso. Una carrera universitaria, una vida en otra ciudad, todo había de pausarlo durante quién sabía cuánto tiempo.

Para ser sinceros, la idea se describía en mi cabeza como la mayor tragedia griega jamás escrita. «Aún y todavía”, la frase que tanto me repetían, que tanto me cabreaba y que, sin embargo, ahora empiezo a entender al fin.

Entré en el centro especializado en trastornos alimentarios en Valencia haciendo cruces a un calendario y apostando a cuánto tardarían en expulsarme; jamás pensé que cambiarían mi vida del modo en el que lo han hecho.

Aunque al principio fue duro, y lo sigue siendo, poco a poco la rigidez que tanto me oprimía se está yendo y va dejando aflorar a la persona que ha permanecido escondida tanto tiempo.

En cuatro meses he conocido a gente inolvidable, he aprendido más de la vida que en dieciocho años y me he sentido realmente entendida por primera vez.

La importancia de comprenderse ante un Trastorno Alimentario

También he aprendido a permitirme días como hoy y a entender que en algunos momentos es más importante cuidarse que no exigirse trabajar el 100%, porque simplemente algunos días no podemos.

Hoy puedo decir que me río, que he vuelto a sentir lo que es vivir sin ahogarse y que por valiosos instantes he vuelto a sentirme libre.

También puedo decir que algunos días sí soy capaz de echar la vista atrás y reconocerme que, aunque ciertos miedos persisten, sí hay avances y logros por los que felicitarme y debo sentirme orgullosa por ellos. Y, aunque sigue habiendo muchos días en los que no soy capaz de verlo tan cristalinamente, entiendo que el tratamiento de un tca no es siempre ascendente.

Afortunadamente, las caídas cada vez son menos dolorosas y sé que ahora ya no son solo dos ángeles los que velan por mí, sino todo un ejército que me cuida día tras día y al que se le han de sumar unas compañeras de batalla que se han convertido en familia.

A ellas les agradezco cada baile y cada canción; cada risa y cada mirada cómplice; cada logro reforzado y cada abrazo a escondidas. A ellas les doy las gracias por ser mi razón preferida para venir cada mañana y mi mayor serendipia.

La Clínica CTA, tu espacio seguro en Valencia

Como decía al principio, ahora me siento protegida. La Clínica CTA se ha convertido en eso, en un espacio seguro al que acudir en los mejores días, pero sobre todo en los peores.

En un universo paralelo en el que transcurre el tiempo, pero se paralizan todos los problemas externos. En un lugar de transición y transformación. En un rincón en el que reír, llorar, caer, levantarte y repetirlo mil veces; o simplemente parar, tomar aire y soltarlo suavemente tantas veces como lo necesites.

CTA se ha convertido ahora en mi mundo para que mañana pueda construir el mío

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